Bienvenidos a la fiesta de Cristo
Los seguidores de Hillsong suman ya más de 2000 personas en España. Jóvenes desencantados con la iglesia tradicional que han visto en esta nueva forma de comunicar el evangelio, bien sea a través de la música, las redes sociales, u otros recursos típicos de su generación, la mejor opción para acercarse a Dios.
Es un tranquilo domingo por la tarde a las afueras de un teatro madrileño pero, por el público, bien podría parecer los alrededores de una discoteca habitual entre los veinteañeros. Tras la puerta, un “Bienvenido a casa” introduce a los fieles en un salón donde el impactante y juvenil diseño de la cartelería y del merchandising oficial de Hillsong (hay camisetas, banderas, pegatinas…) consigue acaparar por completo la atención. Una iconografía estudiada al detalle, que bien podría parecer la versión religiosa de Mister Wonderfull, de la que uno no consigue apartar la vista, hasta que la música procedente del interior del patio de butacas reclama nuestra atención.
Comienza la misa, y también el espectáculo. Un grupo de músicos y cantantes, acompañados de visuales a modo de karaoke y un potente juego de luces, toca una canción religiosa que, a tenor de la reacción de los asistentes, debe ser uno de los grandes hits de la famosa discográfica creada por esta iglesia, la cual ha vendido más de 16 millones de discos en todo el mundo. De hecho, los cerca de 250 jóvenes que han acudido a esta sesión no sólo se saben de memoria este himno, que por el estilo bien podría haber sido facturado por una estrella del pop actual como Taylor Swift, sino que además no dudan en cantarlo, bailarlo y acompañarlo con palmas y aplausos.
Y es que cambiar la forma de vivir la religión, desde la alegría, así como modernizar la forma de transmitir el evangelio, fue una de las premisas de las que partió esta iglesia de origen australiano fundada por Brian y Bobbie Houston en 1983, hoy presente en más de 19 países en todo el mundo. Y eso fue precisamente lo que cautivó a Juan Mejías y a Damsy Mich, los jóvenes pastores de Hillsong en España. “La iglesia no está para sufrirla sino para disfrutarla, porque si Dios es Dios tiene que ser un Dios de amor, no puede ser un Dios de opresión, y eso se tiene que notar en su gente”, afirma Juan. “Por eso entras aquí hoy aquí y es una fiesta”.
Vestido con unos pitillos, una camisa de cuadros, un tupé impecable y un Mac Book Pro entre las manos, Juan sube al escenario con una energía desbordante. Su discurso, que no es otro que la reinterpretación adaptada de algunos versículos del nuevo testamento, está acompañado por una acertada música de fondo en directo, elementos visuales llamativos que utiliza para enfatizar sus palabras y un lenguaje totalmente coloquial, con expresiones como “flipas” o “eso está muy guay” combinadas con pequeños chistes que aligeran los textos de la Biblia, trayéndolos a la realidad de los más jóvenes. Es cuanto menos rompedor, y lo saben, por eso se esfuerzan en remarcar esta diferencia. “Hay una generación desencantada con la iglesia tradicional que no entiende su mensaje, las palabras, por eso somos muy intencionales en comunicar de una forma juvenil y refrescante”, afirma.
Moderna por fuera, conservadora por dentro
Al ser una comunidad tan revolucionaria en sus formas es frecuente pensar que su mensaje será rompedor. Lejos de ello, desde Hillsong insisten en que son “una iglesia con un sistema de valores y moralidad cristiana, aunque el externo sea muy contemporáneo”, reafirma Mejías. Su gran objetivo, por tanto, no es mostrarse rupturista en su contenido, sino acercar la religión y los principios cristianos a esa generación desencantada con la iglesia tradicional utilizando su propio lenguaje para conectar. De ahí que , por ejemplo, Juan lance en medio de la celebración un discurso en torno a la importancia del celibato antes del matrimonio, pero siempre con un gag final y algún que otro chascarrillo sobre su propia historia personal, restando así importancia, que no contenido, al propio mensaje.
Eso sí, a medida que avanza la ceremonia se repiten continuamente palabras como “inclusión” y “aceptación” del prójimo, a pesar de las diferencias. Entonces, ¿qué piensa Hillsong sobre temas tan polémicos como la homosexualidad o el aborto? Y aquí es donde la respuesta no parece ser tan directa como en sus anteriores afirmaciones, ni tan tajante como la propiciada durante décadas por la iglesia católica. “Cuando te lees los evangelios te das cuenta de que Jesucristo era una persona revolucionaria que aceptaba a todo el mundo, entonces como iglesia creo que estamos llamados a aceptar. Obviamente tenemos unas convicciones, unos sistemas de valores, pero no significa que tengamos que excluir a aquellos que no lo comparten”. Un mensaje, tal vez ambiguo para muchos, que parecen compartir también sus seguidores, como María Fernández, que afirma que “en esta iglesia no hay prejuicios, no hay barreras para servir, para participar... es una iglesia diferente”.
La financiación en el punto de mira
Pero sin duda, el tema más polémico que envuelve a esta iglesia es su modo de financiación, duramente cuestionado por sus detractores. Y es que cabe recordar que a parte del dinero procedente de merchandising, libros, conciertos, eventos, cursos y un sinfín de actividades marketinianas, Hillsong se financia básicamente a través de las donaciones de sus pudientes feligreses, llegando a conseguir cifras astronómicas como los 94 millones de dólares recaudados sólo en Autralia en 2014.
Bajo la defensa de “los principios bíblicos de diezmos (haciendo alusión al 10% de los ingresos de los fieles) y ofrendas”, Hilssong utiliza distintos canales como su web, una app diseñada exclusivamente para este fin (disponible para Iphone y Android) o la transferencia bancaria para recibir estos donativos. Una cantidad a la que hay que sumar la aportada por los asistentes en cada una de las misas del fin de semana. Y es que, a mitad de ceremonia y mientras se suceden unos cautivadores anuncios sobre la comunidad Hillsong en la gran pantalla, los presentes comienzan a hacer sus donaciones no sólo dentro de un sobre anónimo, sino también por Paypal o incluso a través del datáfono que la organización comienza a pasar fila a fila.
“No nos tenemos que sentir mal por tener dinero. Cristianismo no es pobreza, pero entiendo de dónde viene, porque hubo un tiempo en que la gente pasaba miserias mientras la iglesia era rica, y eso estaba muy mal”, comenta Juan sobre el escenario, adelantándose a la polémica. Sea como fuere, lo cierto es que Hillsong es a día de hoy una iglesia capaz de mover grandes cantidades de dinero y cada vez un mayor número de fieles dispuestos a vivir la fe desde su perspectiva.